La bailarina que vendió galletas para llegar a Nueva York

Bailes

A los 3 años, Karina Álvarez, bailarina que nació en Medellín en 1998, estaba jugando en un parque infantil y mientras columpiaba le dijo a su mamá: “Mami, yo hace mucho tiempo era una bailarina de ballet”. Eso fue como una revelación. Desde entonces su familia la apoyó y la impulsó a vivir del arte.

Karina tiene hoy 23 años y está radicada en Nueva York desde que cumplió la mayoría de edad, aunque para continuar su carrera y no dejar sus sueños tirados debe aplicar a una visa de trabajo en la categoría visa de artista y demostrar su talento en los mejores escenarios: “Uno de mis propósitos es lograr que en Colombia esta profesión ocupe el lugar que se merece y de la que se pueda vivir dignamente”, dijo a la revista SEMANA.

Sin embargo, su camino en la pista de baile no ha sido fácil. En el año 2002, Karina empezó a tomar clases de estimulación infantil y en el mismo lugar donde estudiaba se topó con compañeras que vestían de tutús, maillot, medias y zapatillas, se enamoró de esa danza que convirtió en su profesión.

Diez años después llegó al Ballet Folclórico de Antioquia y la academia Andrea Wolf y para 2014 recibió la invitación al encuentro internacional de Escuelas de Ballet en La Habana. El viaje lo costeó a punta de venta de chocolates, galletas, lasañas, pasteles, camisetas y mugs estampados.

Para 2015, y gracias a su talento, Alice Arja, directora de escuelas de Ballet en Brasil, le otorgó una beca parcial para viajar a ese país en verano. Luego llegó a la Academia Andrea Wolf donde le exigieron mejorar su técnica. Con esfuerzo llegó a las audiciones con el Joffrey Ballet School de Nueva York, ingresó a uno de los cursos, nuevamente se ganó una beca y, de nuevo, con su mamá y su tía, hicieron diferentes actividades para los tiquetes y la estadía.

“Para mí y mi familia no era ni fácil ni económico. Hacía brownies, galletas y las vendía en el ballet o en el colegio. Hacía dibujos, los estampábamos en camisetas o mugs y las vendíamos, todo a la par de las responsabilidades de estudiante”, contó nostálgica. Al final del curso se quedó formalmente en el Joffrey Ballet School: “En Nueva York le tienen mucho respeto y aprecio a los bailarines y artistas, y aunque no ha sido fácil, ha sido increíble. En Colombia hay mucho talento, pero por faltas de recursos no se llega a las oportunidades”, dijo Karina.

Karina ha participado en obras clásicas como El cascanueces, Paquita, Esmeralda, La bella durmiente, Don Quijote, Serenade, Walpurguisnacht, Frescoes y diferentes piezas de danza contemporánea, jazz, moderna y danzas de carácter. Con la compañía Medance participó en el Festival Internacional del Tango en 2020 y el Día Internacional de la Danza en 2021. También formó parte del cortometraje Deceive, dirigido por Severine Reisp.

Actualmente prepara el ‘show’ de regreso después de la pandemia con American Liberty Ballet en New Jersey, pero tiene la mente en su visa de artista, de la que depende la continuidad de su sueño y la buena representación para Colombia.

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