Cyrano con un giro inesperado

El rinconcito newyorquino

MARF

James McAvoy es uno de esos actores que parece adaptarse bien a cualquier personaje y circunstancia; ya sea que le toque ser un médico, un X-men o un tipo con 23 personalidades, este hombre se ve como pez en el agua. ¡Excelente actor! 

También ha aparecido en varias series de televisión y en el teatro desde los inicios de su carrera, siendo esta última el área menos explorada pero igual de exitosa. 

Una muestra de ello es su más reciente y tan comentada obra: Cyrano de Bergerac.

Este drama de 1897 que relata la historia del hombre a quien le debe el título, ha sido presentado en muchos países, tanto en cine como en teatro, en múltiples oportunidades.

Cyrano de Bergerac es un soldado poeta muy sentimental, quien está enamorado de una mujer (Roxane) a la que no cree capaz de conquistar solo con su intelecto, ya que por su nariz exageradamente grande, considera que no tiene el físico ideal para hacerlo.

Además, Roxane ya está enamorada de otro soldado realmente guapo llamado Christian quien, en cambio, carece de habilidades para demostrarle su amor con palabras, por lo que llega a un acuerdo con Cyrano para que escriba románticas cartas por él que logran aumentar el enamoramiento de la chica.

Para no hacer spoilers (por más antigua que sea la historia) no les diré qué sucede después, solo puedo agregar que la tragedia está muy presente y que el final es algo inesperado.

En esta versión con James McAvoy como protagonista, la historia fue adaptada a una época más contemporánea, en la que el rap sirve como medio para expresar los discursos más importantes.

Yo no he visto la obra, pero créanme que me muero por hacerlo porque no saben lo interesante que me resulta cada vez que obras tan antiguas son recreadas con elementos y diálogos actuales, pues me divierto encontrando las diferencias y me sorprendo con cada detalle.

Como verán, Cyrano de Bergerac es mi tercera razón para visitar pronto un teatro.