FinCEN Files: Los grandes bancos son grandes lavadoras

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Miles de documentos que expone cómo facilitaron el lavado de billones de dólares en todo el mundo

Las revelaciones de los archivos de FinCEN son el resultado de una extensa investigación internacional que muestra cómo el dinero sucio es movido de un lado a otro. Y los bancos juegan un papel importante. Documentos filtrados que dan cuenta de transacciones que suman unos US$2 billones revelan cómo algunos de los bancos más grandes del mundo han permitido que delincuentes y políticos corruptos muevan dinero sucio por todo el mundo.

Los FinCEN Files, incluyen más de 2.100 «reportes de actividades sospechosas» elaborados por bancos y otras instituciones financieras y enviados a la Red de Control de Delitos Financieros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos (FinCEN, por sus siglas en inglés). A primera vista, la transferencia de dinero sucio no parece ser una amenaza inmediata para las personas. Pero las consecuencias son de gran alcance cuando los narcotraficantes, políticos, contrabandistas y estafadores desvían sus ganancias ilegales burlando a las autoridades, cuando los corruptos jefes de industrias aumentan sus activos mal habidos y consolidan su influencia, con la ayuda del sistema bancario.

En 2019, una gran cantidad de datos financieros secretos se filtró a la empresa de medios estadounidense, la cual compartió la información con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ). En los últimos 16 meses, 400 periodistas de 108 medios de comunicación de 88 países pasaron 16 meses han tirado de los hilos que encontraron en esos archivos, analizando millones de transacciones bancarias, investigando registros judiciales y entrevistando a investigadores, víctimas y presuntos implicados. Sus informes y reportajes se empezaron a publicar este domingo y arrojan luz sobre las complejas rutas que tomaron cerca de dos billones de dólares en maniobradas alrededor del mundo.

La recopilación de datos filtrados proviene del Departamento del Tesoro de Estados Unidos y consiste en los denominados «informes de actividades sospechosas” (RAS, por su siglas en inglés) enviados a las autoridades estadounidenses entre 2000 y 2017. Estos son informes sobre actividades sospechosas que los propios bancos deben preparar y presentar ante el Departamento del Tesoro estadounidense.

El resultado de esas investigaciones, es «un verdadero tour mundial del crimen, la corrupción y la desigualdad, con papeles protagónicos para políticos, oligarcas y estafadores, y papeles clave de banqueros que les sirven a todos», empezará a ser publicado a partir de este domingo por los socios del consorcio. «Los criminales no lavan el dinero personalmente. Los bancos juegan un papel muy importante, porque brindan el sistema por el cual este dinero es transportado desde su país de origen a un lugar bonito y seguro», explica Graham Barrow, experto en la detección de lavado de dinero. «En última instancia, todos pagamos el precio, porque ese dinero proviene de nuestros impuestos y contribuciones”, agrega Barrow, quien también trabajó para Deutsche Bank y HSBC.

Los RAS no prueban necesariamente una actividad ilegal. Inicialmente, sólo reflejan el punto de vista de los responsables de monitorear las transacciones financieras en los bancos. Estos informan de las transacciones que muestran signos de malas prácticas financieras o que involucran a clientes que tienen un perfil de riesgo y que ya han entrado en conflicto con la ley. Sin embargo estos documentos son algunos de los secretos mejor guardados del sistema bancario internacional y son utilizados por los bancos para informar sobre comportamientos sospechosos de sus clientes. Cualquier inquietud vinculada a transacciones realizadas en dólares estadounidenses debe notificarse al FinCEN, incluso si tiene lugar fuera de los EE.UU. por eso, las repercusiones de las investigaciones derivadas de los FinCEN Files se harán sentir por todo el mundo.

A partir de los archivos secretos, los periodistas descubrieron que, JP Morgan permitió que una empresa moviera más de US$1.000 millones a través de una cuenta de Londres sin saber quién era el propietario. Más tarde, el banco descubrió que la compañía podría ser propiedad de un mafioso en la lista de los diez más buscados del FBI. El sospechoso en cuestión es Semión Mogilevich, un prominente miembro de la mafia rusa que ha sido acusado de crímenes que incluyen narcotráfico, tráfico de armas y asesinato.

El FinCEN, por su parte, dijo que la filtración podría afectar la seguridad nacional de Estados Unidos, Jimmy Kirby, jefe del departamento jurídico de la FinCEN, dijo por escrito que «la divulgación no autorizada de los RAS puede obstaculizar las investigaciones en curso o futuras investigaciones sobre la información contenida en los informes». La filtración de documentos «permite a los agentes criminales eliminar las pruebas pertinentes a medida que se enteran de una investigación o posibles investigaciones». Además, «ponen en peligro la integridad física de los testigos y las víctimas». Kirby también declaró que «esas revelaciones no autorizadas» tienen un «efecto disuasorio» en las instituciones financieras que presentan estos informes. Es posible que estén menos dispuestos a proporcionar información jurídica a la FinCEN en el futuro por temor a que también sea revelada «ilegalmente».

Pero es sospechoso que dada la gran cantidad de informes, aun no se haya iniciado algún proceso penal sobre los involucrados. Los investigadores de la FinCEN recibieron más de dos millones de RAS sólo el año pasado. Entre 2011 y 2017, hubo más de doce millones de informes de actividades sospechosas. La investigación reveló que los grandes bancos manejaban más de 2 billones de dólares en transacciones que ellos mismos reportaron posteriormente como sospechosas. En otras palabras, los bancos presentaron sus informes de actividades sospechosas después de haber cobrado la tarifa de transacción.

La filtración generará lecturas incómodas para muchos bancos. La mayoría de los RAS en los archivos de la FinCEN procedían de un pequeño número de grandes bancos: Deutsche Bank, Bank of New York Mellon, Standard Chartered Bank, JP Morgan, Barclays  y HSBC. Juntos, estos bancos presentaron más del 85 por ciento de todos los RAS encontrados en los documentos filtrados. HSBC permitió a estafadores mover millones de dólares de dinero robado por todo el mundo, incluso después de enterarse por boca de investigadores estadounidenses de que era parte de una estafa. El Banco Central de los Emiratos Árabes Unidos no actuó ante las advertencias sobre una empresa local que estaba ayudando a Irán a evadir sanciones. Standard Chartered movió efectivo para Arab Bank durante más de una década después de que cuentas de clientes en el banco jordano se utilizaran para financiar actividades terroristas.

Si alguien planea sacar provecho de una empresa criminal debe encontrar una forma para lavar el dinero. El lavado de dinero es el proceso de tomar dinero sucio -producto de delitos como el tráfico de drogas o la corrupción- y ponerlo en una cuenta en un banco respetado donde no estará vinculado con el delito.  El mismo proceso es necesario si uno es un oligarca al que los países occidentales han impuesto sanciones para evitar que ingrese su dinero a Occidente. Se supone que los bancos deben asegurarse de no ayudar a los clientes a lavar dinero o moverlo de manera contraria a las reglas.

Los archivos filtrados dan una «idea de lo que los bancos saben sobre el vasto flujo de dinero sucio en todo el mundo» y los documentos también ponen en evidencia las cantidades extraordinariamente grandes de dinero involucradas. Los documentos cubren alrededor de US$2 billones de transacciones, pero son solo una pequeña proporción de los SARs presentados durante el período.

Los hallazgos vinculados a personalidades e instituciones latinoamericanas se irán haciendo públicos en los próximos días. Pero, por lo pronto, en México se empezó destacando una posible «actividad sospechosa» del asesor político venezolano Juan José Rendón que, según Deutsche Bank, «podría estar vinculada con el expresidente de México Enrique Peña Nieto».  El reporte, menciona «seis transferencias sospechosas, por un total de US$180.000 entre el 21 de julio de 2016 y el 6 de marzo de 2017». Según el documento, el dinero podría haber sido utilizado por Rendón para pagarle a un hacker que «realizó campañas de ciberataques a favor de sus clientes e instaló spywares en las oficinas de la oposición para Enrique Peña Nieto durante las elecciones de México en 2012».

Las filtraciones también tocan «la conexión mexicana en un programa secreto de misiles en Irán; las operaciones financieras en Suiza de un encumbrado funcionario del gobierno de Enrique Peña Nieto y también la triangulación de fondos, desde México, a una compañía de casinos en Las Vegas, de un empresario que ha financiado la carrera política de Trump», entre otros temas de próxima publicación.

En Venezuela los FinCEN File revelan sobre las operaciones del empresario colombiano Alex Saab, a quien el gobierno de EE.UU. acusa de ser testaferro del presidente Nicolás Maduro. Tambien sobre Martín Lutsgarten, un empresario venezolano que reside en Miami que se enriqueció «como corredor de divisas de la élite venezolana sospechosa del robo de miles de millones», y su cooperación con la justicia estadounidense.

En Argentina la filtración ha permitido escrutar los movimientos de dinero de numerosas personalidades de ese país que movieron dinero a través de Meestral Assets, «una sociedad registrada en Islas Vírgenes Británicas y manejada por un empresario argentino que fue reportada ante el organismo antilavado de los Estados Unidos por 123 transferencias sospechosas entre 2013 y 2014». Entre estas personalidades destaca el presentador de televisión Marcelo Tinelli, quien acapara los titulares, además de «un exfutbolista de Independiente, un exfuncionario del Banco Central y más de 30 empresarios». También se destacan las sospechas generadas por transacciones entre la agroexportadora Vicentín – que estuvo a punto de ser nacionalizada por el gobierno del presidente Alberto Fernández-y la multinacional Glenncore Grain. Los archivos contienen información sobre actividades sospechosas de una cuenta del fiscal argentino Alberto Nisman.

Finalmente, en Colombia, se centra en la compra de un cuadro del célebre pintor colombiano Fernando Botero por parte de una empresa empleada por la constructora brasileña Oderbrecht para el pago de sobornos. «Se debe resaltar que el maestro Fernando Botero no está bajo investigación alguna».

Paul Manafort es una de las personalidades del mundo de la política que aparecen en los documentos que se han difundido. El exdirector de campaña de Donald Trump fue condenado en marzo de 2019 a más de siete años de prisión por fraude y evasión fiscal. JPMorgan Chase declaró que el banco siguió transfiriendo dinero entre Manafort y sus empresas ficticias hasta septiembre de 2017, mucho después de que se hicieran públicas sus turbias relaciones con los políticos prorrusos de Ucrania y alimentaran las sospechas de lavado de dinero.