Hijo del dictador Ferdinand Marcos será presidente de Filipinas

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Si bien su padre, Ferdinand Marcos, dictador durante 21 años huyó con su familia de Manila en 1986 en un helicóptero cargado con 24 lingotes de oro, 413 joyas y 27 millones de pesos filipinos, algo menos de medio millón de euros. Y lo acompañaba su esposa, Imelda, famosa por poseer los zapatos más fabulosos del mundo,  36 años después, Ferdinand Marcos Jr, el hijo del dictador mundo, ha ganado unas elecciones democráticas y será el nuevo presidente de Filipinas.

Olvido colectivo

Si el difunto Marcos padre marcó uno de los periodos más oscuros del país -70.000 presos, 34.000 torturados y 3.240 muertos, según Amnistía Internacional-, Marcos hijo, conocido como Bongbong, ha logrado una amnesia colectiva al reescribir la historia presentando el legado de su mentor como los años dorados de Filipinas: prosperidad económica; desarrollo de infraestructura; paz y orden. Todos los abusos y robos reportados del pasado, no son más que rumores y mentiras.

Imelda vuelve al poder

La matriarca del clan Marcos es Imelda. Tiene 93 años. Y según los mentideros del país, es quien maneja a su hijo, elegido ahora presidente.

Esta mujer tiene una condena de 42 años de cárcel por delitos de corrupción y no ha entrado en la cárcel porque tiene pendiente un recurso y por su elevada edad. Pero eso no le ha impedido ser elegida senadora, junto a su hija, y presumir de ser la filipina que más Piccasos, Fragonards y Monets tiene. Además, durante muchos años sus más de 3.000 pares de zapatos de lujo la convirtieron en el modelo de la corrupción y el nepotismo político de medio mundo.

Cada vez que esta mujer habla, tiembla medio país. Va de madre benefactora de la patria y lanza billetes desde la ventanilla de su coche de lujo en los barrios pobres de Filipinas, muchas veces acompañada de su hijo, ahora presidente electo. Es su forma de hacer beneficencia, porque dice que cuando ella gobernaba, en las calles de Manila no había pobres.

Ahora su hijo BongBong, de 64 años, ocupará la presidencia de un país con 110 millones de habitantes y que a la hora de votar tiene mucho más peso la personalidad del candidato, que su programa electoral.