Que desesperante..

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Carlos V. Martinez Pereira

Insisto, ¿Cuál es la diferencia entre un hombre que entra armado a una escuela a dispararle  a niños indefensos y el mismo hombre, -con intención o sin ella- «disparando» coronavirus que tarde o temprano será transmitido a población vulnerable?

En el primer caso, nadie duda de que las víctimas son los infantes. Ya conocemos cuáles son las acciones a tomar.

En el segundo caso, (¡Qué locura!) hay una masa de personas que no duda que víctima es el ciudadano que no tiene a ejercer su «sagrada» libertad de circulación. No hay que leerles el pensamiento: Lo dicen sus acciones.

El coronavirus no sólo no sabe de constituciones y de derechos políticos, sino que gracias al ser humano -y sólo gracias a él- se desplaza mucho más rápido a otro ser humano, que la velocidad a la que éstos son capaces de concienciar que salir a la calle es inadecuado ¿O es que acaso lo saben pero les importa medio rábano?

Pedir que cambien sus acciones -y lograrlo- antes de que la tragedia sea más grande, es utópico.

Algo más práctico hay que hacer para salvar las vidas de los más vulnerables aunque esto implique restricciones momentáneas de ciertas libertades.

¿Imaginan a las personas de Chernobyl -acompañados, por supuesto, de su carga radiactiva y de algunos restos de la planta nuclear- haciendo giras por el mundo para explicarle de cerquitica a la gente cómo es el cuento de lo que allí ocurrió?

Honestamente, no encuentro la diferencia entre eso y lo que ahora ocurre con el coronavirus. El ejemplo de Chernobyl es un ejercicio de ociosidad pura, mientras que lo otro, cruel realidad.

No quiero exagerar, pero lo que está ocurriendo con el coronavirus, se parece mucho a un genocidio culposo.

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