Nueva York seguirá soñando con el tren del futuro

Video Opinión

Hace justo tres años se presentó en la flamante estación terminal de la línea 7 de metro en Hudson Yards el prototipo del tren del futuro. El diseño del R211 encargado a la japonesa Kawasaki Rail Car es limpio. 

En algunas configuraciones se elimina incluso la separación entre los vagones para dar más espacio a los viajeros y así elevar la capacidad para reducir los problemas de congestión en la red. El plan era que estas máquinas estuvieran ya circulando a modo de prueba.

Pero esos primeros trenes de un total de 1.077 unidades no llegarán, como pronto, hasta la primavera del año próximo. La agencia que gestiona la red de transporte público en la ciudad de Nueva York (MTA) atraviesa por serios problemas financieros debido al desplome de pasajeros por el coronavirus y los efectos de la pandemia se sentirán durante años, porque de momento está en suspenso todo el proceso de modernización de una red de tránsito que se derrumba, indica una nota de EFE.

El número de pasajeros en la red de tránsito que cubre el área metropolitana de Nueva York cayó más de un 90% durante el periodo más intenso de la pandemia en abril. Logró recuperarse poco a poco conforme se relajaron las medidas de distanciamiento social. Pero sigue muy por debajo a los niveles previos a la crisis sanitaria. Antes de la pandemia, el metro y el autobús eran utilizados por 7,5 millones de personas un día laborable. Ahora ronda los 2,3 millones, el 30%.

La situación es radicalmente distinta a la de hace un año. La MTA tenía previsto invertir 54.000 millones de dólares en la modernización de la red de tránsito hasta 2025. El pasado verano, sin embargo, se vio forzada a dejar todo el programa en suspenso y presiona al Gobierno federal desde entonces para que le conceda fondos con carácter de emergencia, con los que poder taponar los 12.200 millones de dólares de déficit creados por la crisis y así poder mantener el sistema a flote.

Los problemas se replican por las principales metrópolis de EEUU. Las restricciones impuestas por las autoridades sanitarias para contener la propagación del virus provocaron que millones de empleados se quedaran en casa trabajando. En el caso de San Francisco, los ingresos de la red de transporte público se desplomaron un 93% durante la pandemia, lo que va a obligar a la ciudad a recortar servicio para afrontar la mayor crisis en los 110 años de historia del sistema.

Los fondos federales que recibieron con el primer paquete de estímulos en abril están prácticamente agotados y los ingresos fiscales locales que necesitan para sostener el sistema no son suficientes, porque se redujeron con la crisis económica y la fuga de residentes. «Tenemos que cortar el gasto de forma masiva para poder seguir operando», se justifica el gestor de Muni, que está concentrando el servicio en los vecindarios con menos opciones de movilidad.

El problema, como advierte la American Public Transportation Association, es que las cosas no van a mejorar porque EEUU sigue en medio de la pandemia. Reclaman por eso otros 32.000 millones en ayudas para capear la nueva ola de contagios hasta que llegue la vacuna. Y señalan, además, que no son solo las grandes ciudades las que sufren. También las pequeñas localidades con universidades y las compañías privadas de autobús, además de la ferroviaria Amtrak.

Incluso los recortes y la ayuda no serán suficientes para compensar la pérdida de ingresos. El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, sugiere por eso a las agencias que acudan al mercado para financiarse. Es una idea que rechazan. La MTA, por ejemplo, destina el 16% de su presupuesto a servir la deuda. Ante esta situación, desde Moody´s advierten que 2021 será devastador y no descarta que el cambio en el patrón de pasajeros sea algo más permanente por el teletrabajo.