Un nuevo estudio de campo ha revelado que las ratas de Nueva York no solo sobreviven entre la basura urbana, sino que han desarrollado una auténtica vida social nocturna, con su propio sistema de comunicación ultrasónica que pasa completamente desapercibido para los humanos. Con cerca de tres millones de roedores en la ciudad, parece que el lema “Nueva York nunca duerme” aplica también para sus habitantes más escurridizos.
Un club exclusivo… solo para ratas
El equipo de investigación —formado por los neurocientíficos Emily Mackevicius, Ralph Peterson, Ahmed El Hady y el experto en aprendizaje automático Dmitry Batenkov— instaló cámaras térmicas y micrófonos especializados en tres escenarios urbanos: un parque, una estación de metro y una acera. Allí captaron a las ratas desplazándose como sombras luminosas mientras emitían chillidos en frecuencias inaudibles para el oído humano. Lo más sorprendente: cuando pasaba una ambulancia, los roedores chillaban aún más fuerte. “Se gritan entre sí, pero no podemos oírlas”, explicó Mackevicius.
Comunicación con propósito
Estos sonidos no son simples chillidos sobre restos de pizza. Según Peterson, experto en vocalizaciones de roedores, el volumen y la frecuencia sugieren que hay intención detrás de cada emisión. El estudio también identificó patrones sociales: grupos juveniles de hasta 20 ratas explorando torpemente, mientras ejemplares solitarios y robustos —apodados “Moby Dicks” por los exterminadores— patrullaban con la calma de veteranos urbanos.
Adaptación extrema y supervivencia urbana
Las ratas neoyorquinas han evolucionado durante siglos para prosperar en un entorno diseñado para humanos. Desde cambios en el cráneo hasta ajustes metabólicos, estas criaturas requieren apenas una onza diaria de agua y alimento, y encuentran abundancia en los residuos procesados que genera la ciudad. Su reproducción es acelerada, con camadas cada pocas semanas, y el veneno apenas representa una amenaza. Como dijo un exterminador en 1944: “Matar ratas es como tomar aspirina para el cáncer”.
Ciencia al servicio de la ciudad
Más allá de la curiosidad científica, los investigadores ven en estos hallazgos una oportunidad para mejorar la gestión urbana. Al entender los patrones de movimiento y comunicación de las ratas, se podrían optimizar los horarios de recolección de basura, rediseñar espacios públicos para reducir escondites o incluso desarrollar tecnologías disuasorias como trampas sónicas que “hablen su idioma”.
¿Plaga o fenómeno urbano?
Lejos de ser simples carroñeros, las ratas de Nueva York podrían compararse con los delfines del subsuelo: inteligentes, sociales y adaptadas a su entorno. Mientras los humanos creemos dominar la ciudad, ellas cantan su propia banda sonora secreta en la oscuridad, protagonizando una vida nocturna paralela que apenas comenzamos a comprender.
