El Helicoide: de símbolo inconcluso a espacio para la memoria y la dignidad

Fecha:

Suly Sujú Torres.
Publicista y editora de Culturísima.
Exiliada y asilada política, promotora de VENTE LOS SALIAS.

Para quienes son nativos de otros países y leen noticias a veces, por casualidad o han escuchado sobre el problema de Venezuela y las torturas que ocurren dentro de un gran edificio llamado El Helicoide, están ajenos a saber la realidad de lo que allí pasa, por lo que en el contexto internacional local que afecta a países vecinos de la tierra de Simón Bolívar, como los Estados Unidos por tan solo mencionar uno, se hace necesario explicar qué es “El Helicoide” y cómo hoy es una referencia de un antro de terror, en donde las prácticas de control político mas abominables del planeta se cometen a diario en inocentes y con total impunidad.

En tiempo de la dictadura progresista de Marcos Pérez Jiménez (venezolano que aplicó la fuerza para poner orden en un país que mostraba descontrol interno, por el desorden y las apetencias políticas de los apegados a las izquierdas globales), el general en su ambición de desarrollar a una Venezuela por encima del resto de los países del continente, inició la construcción de lo que iba hacer el centro comercial y recreacional más avanzado y moderno de Latinoamericana: El Helicoide de Caracas. 

Su arquitectura en plano mostraba una obra sin precedente, que sumado a la contratación de los mejores profesionales del diseño e ingeniera de los años ’50 se comenzó a materializar bajo las guías de Jorge Romero Gutiérrez, Pedro Neüberger y Dirk Bornhorst. El trabajo pedido y asignado se desarrolló bajo los tiempos estipulados, sin retrasos, por lo que lograron levantar en la colina de Roca Tarpeya y entre Los Chaguaramos a la imponente estructura en un 70%. Los detalles y finiquitos del centro comercial que contendría 300 boutiques se haría en cuestión de meses, y antes de su inauguración. Pero tristemente “El Helicoide” jamás abrió, y lo poco que faltaba se quedó sin completar por la “democracia”. 

La salida voluntaria del poder por parte de Pérez Jiménez (y no como lo han mal contado AD/COPEI por años, de que fue derrocado en una revuelta cívico/militar, ¡absolutamente falso! e historia para contar después) aquel 23/01/58, dejó huérfano por décadas al ambicioso proyecto. La democracia prefirió dejar morir al “Helicoide”, una obra de $10.000.000 a la época, antes que rescatarlo. La excusa de la mal llevada democracia para decirle “no” a la obra del dictador, además del celo y la rabia al personaje, fue el exceso de dinero que costaría para recuperarlo. 

Pero los recién llegados a Miraflores con pensamientos de izquierda, aprovechando la popularidad y al “populacho”, no contaban con la aparición del magnate Nelson Rockefeller, quien al saber de la obra pidió le asignaran el proyecto. Él, vio el potencial comercial que tendría esta estructura para generar dinero, por lo que se lo tomó como reto personal para desarrollar su economía en Latinoamérica. Nelson se encargaría de todo e hizo el viaje a Caracas con ilusión pero, viendo tantas trabas, “leyes” y como la naciente “democracia” iniciaba sus pininos de corrupción, el norteamericano decidió retirarse ante la falta de visión de quienes mandaban, ¡con una frustración enorme!, y así, se iría la última oportunidad para levantar al majestuoso “Helicoide”. 

Este gigante de Roca Tarpeya se convertiría por años en un elefante blanco, uno de esos tantos que se veían después de los tiempos de la dictadura. Cada caraqueño o visitante local al ver la colina, advertía su muerte de gobierno en gobierno, y recordando lo que pudo ser si el general lo hubiese abierto como otra obra más de desarrollo y progreso nacional bajo su mando. “El Helicoide” se planificó, diseñó e hizo sin la bonanza del petróleo, y la democracia lo dejó morir, con la bonanza excesiva del oro negro.

De elefante blanco a centro de represión estatal

A más de 40 años después de su media construcción y gracias al error demócrata de no haberlo puesto a funcionar para no reconocerle a Pérez Jiménez su visión de progreso, el comunismo apátrida del MVR-200 bajo el mando del narcoterrorista Chávez, lo tomó como sede “policial/ministerial” para aniquilar, torturar, desaparecer, encarcelar y violar todos los derechos humanos de connacionales o no, que simplemente exigían libertad, progreso y bienestar para toda Venezuela.

La actual interina e ilegítima Delcy Eloína junto a su banda criminal, hablan de convertir al “Helicoide” en parque de recreación, en centro deportivo, espacio para conciertos y más, pero, nunca ni jamás habla (en esa mentira comunista del “perdón y la reconciliación”), una vez sea cerrado, se haga un museo que honre a las víctimas de los 26 años de genocidio criollo cometido por quienes llegaron al poder en el ’98, por el craso error del voto castigo a la mal llevada democracia. Venezuela tendría su primer “Museo del Holocausto” terriblemente cometido, por venezolanos apátridas que permitieron a extranjeros implantar los horrores del castigo político bajo las técnicas del terrorismo árabe, ruso y cubano en suelo nacional.

La importancia de la memoria histórica y la justicia

Si algo ha hecho daño a los venezolanos es la ignorancia de su historia y la poca capacidad de observación de los hechos en un tiempo presente, y con miras al futuro en los lapsos que correspondan. Otro punto que se suma al desconocimiento de la historia, es el proceso del “perdón” pero mal entendido, porque se confunde tener memoria para preservar pruebas que ayuden a ejercer el castigo, con un proceso de “fe” bajo la manipulación de la culpa, de “olvidar para que no duela”, de “unión” porque todos somos “hermanos”… Por estas razones vemos a un pueblo ignorante y obvio, a falsos opositores, aprovechándose de ello para pescar en río revuelto, por ende, muchos le han seguido las ideas a la usurpadora sin comprender lo que hay detrás de esto.

Me cuesta creer que quienes apoyan la destrucción del Helicoide, hablando además como versados de la materia en “algo”, con la verdad absoluta y sin equivocación, no se estén dando cuenta de que ayudarán a estos criminales a borrar las pruebas de los delitos de lesa humanidad cometidos en 26 años de genocidio rojo dentro de este centro. 

Eliminar, demoler, destruir, acabar o darle cualquier nombre a la desaparición del “Helicoide”, así como al resto de los centros de torturas conocidos o no, viene siendo igual a que los aliados después de su victoria en la II Guerra Mundial más, el pueblo judío,  hubiesen aceptado la destrucción de todos los campos de concentración nazi en donde tantos inocentes y opositores murieron, bajo las prácticas de control político más nefastos jamás documentados (hoy conocidos gracias a la preservación de estructuras que guardaron memorias).

La Eloína y sus cooperantes criminales quieren borrar las pruebas que los involucran en los delitos de lesa humanidad y lesa patria; el apuro en acabar con el “Helicoide” es parte del plan. La nueva Venezuela tiene una gigantesca herida que no va a cerrar hasta que se haga justicia, ¡de la marcial si es posible!, por ello, levantar en este antro del terror un “Museo de la Dignidad y por las Víctimas” del comunismo criollo, ayudará a iniciar la sanación del dolor en millones de venezolanos que sufren aún por el pasado y el presente. 

El museo siempre será la prueba histórica de lo que fue el horror de vivir en comunismo, un comunismo populista que engañó a incautos para llegar al poder y que luego mutó a narcoterrorismo de Estado, para ejercer la vileza del poder en todas sus anchas. Dentro de ese espacio se honrará a las víctimas y se evitará el olvido de la tragedia en las nuevas generaciones, para que nunca más vuelva a pasar. 

La memoria y la justicia van de la mano. Preservar las estructuras en donde se cometieron los delitos de lesa humanidad, es dar testimonio eterno al futuro para que no se repita. Es obligatorio la conservación del “Helicoide” como centro histórico y nuevo “Museo del Holocausto Latino”, en donde las prácticas mas aberrantes que se hicieron, ni si quiera los nazis tuvieron el atrevimiento a generar. Morbo, sadismo, descomposición y criminalidad del Estado en tiempos del Chávez hasta el presente, es lo que la historia hablará dentro del “Museo de la Memoria y la Dignidad”.

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