En una noche lluviosa en Manhattan, Chanel convirtió una estación de metro abandonada en un espacio inesperado para presentar su nueva propuesta. La firma francesa eligió la antigua estación Bowery, en el Lower East Side, como escenario para mostrar la colección Métiers d’Art 2026, marcando su regreso a Nueva York desde la presentación de Karl Lagerfeld en el Museo Metropolitano en 2018.
Matthieu Blazy, recientemente nombrado director artístico de la casa, encabezó este debut con dos funciones distintas: una durante la tarde y otra al caer la noche. En ambas, las modelos emergieron desde un vagón de metro real para recorrer la plataforma con atuendos que iban desde trajes de raya diplomática y vestidos con plumas hasta versiones renovadas de la clásica chaqueta de tweed combinada con camisetas. Los invitados ingresaron por torniquetes en el 168 de Bowery y descendieron hacia gradas improvisadas, mientras la conocida advertencia del metro neoyorquino resonaba por los altavoces.
Una audiencia dividida entre la exclusividad y la comunidad
El acceso limitado al desfile motivó a que algunos seguidores buscaran alternativas para vivir la experiencia. El comentarista de moda Lyas organizó una proyección simultánea en un espacio de Chelsea, reuniendo a quienes no pudieron asistir al evento principal. Mientras figuras como Kristen Stewart, A$AP Rocky, Emily Ratajkowski y Angel Reese observaban desde la plataforma del Bowery, cientos de personas se congregaron en el recinto alterno para seguir la transmisión en directo.
Un enfoque democrático inspirado en la ciudad
Blazy, quien se convirtió en diciembre de 2024 en el cuarto director artístico en los 115 años de historia de Chanel, tomó como punto de partida la visita de Gabrielle Chanel a Nueva York en 1931. En los materiales difundidos tras el desfile, explicó que el metro neoyorquino representa un espacio compartido por personas de todos los perfiles: estudiantes, líderes, adolescentes, profesionales. Para él, es un lugar donde conviven arquetipos urbanos que se cruzan sin dejar de ser únicos.
La colección se construyó a partir de personajes imaginados, como una periodista de los años setenta o una ejecutiva de los ochenta decidida a conquistar el mundo. La artesanía, aunque presente, se integró de manera sutil para reforzar la narrativa. Entre las piezas más comentadas destacaron trajes de tweed con estampado de leopardo, pantalones de seda que imitaban el desgaste
