Cómo han cambiado las reglas para los dueños de perros en la ciudad de Nueva York

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En el marco del Mes Nacional del Perro, la Biblioteca Municipal presenta un recorrido histórico por las reglas, recomendaciones y prácticas que han moldeado la convivencia entre los neoyorquinos y sus perros. A través de ordenanzas, folletos, informes y documentos conservados en la Municipal Library, es posible observar cómo la ciudad ha regulado la presencia de animales en espacios públicos desde el siglo XIX, reflejando cambios en salud pública, bienestar animal y cultura urbana.

Primeras ordenanzas y control sanitario

Las primeras disposiciones oficiales sobre perros en Nueva York se remontan a 1859, cuando se estableció la obligación de que todo perro en la vía pública estuviera “adecuadamente amordazado o sujeto con cadena o cuerda”, según el Código de Ordenanzas de Salud de 1866. Esta medida respondía a preocupaciones sanitarias en una ciudad que aún no había consolidado sus cinco distritos.

En 1878, el alcalde Smith Ely, Jr. creó un depósito municipal de perros en la calle 16 y el East River, donde los animales capturados eran retenidos por 48 horas. Si no eran reclamados mediante el pago de tres dólares, se procedía a su destrucción por ahogamiento, una práctica severa que refleja las políticas de control animal de la época.

Normas de salud pública y campañas de prevención

En 1919, el Departamento de Salud publicó el folleto Information for Dog Owners: Why Dogs Must Be Muzzled When at Large, que explicaba la obligatoriedad de usar bozal en espacios públicos. La medida respondía al riesgo de rabia, considerada entonces una enfermedad “absolutamente fatal”. El documento también recordaba la necesidad de obtener una licencia anual y colocar en el collar del animal el número correspondiente.

Ese mismo periodo vio la incorporación de una nueva disposición sanitaria: evitar que los perros “cometieran cualquier molestia” en aceras y espacios públicos. Esta norma, conocida como “curb your dog”, dio origen a campañas de concientización desde finales de los años treinta. Para 1946, el Departamento de Sanidad había instalado más de 9,000 señales en los cinco condados.

Crecimiento de la población canina y nuevas políticas

Con el aumento de la tenencia de mascotas tras la Segunda Guerra Mundial, la ciudad enfrentó mayores desafíos relacionados con los desechos caninos. En 1961, a solicitud del alcalde Robert F. Wagner, la Biblioteca Municipal elaboró un informe comparativo sobre prácticas de otras ciudades. El estudio concluyó que pocas jurisdicciones contaban con medidas efectivas más allá de leyes de correa, y que algunas propuestas, como la de Milwaukee para restringir la presencia de perros únicamente al interior de viviendas, generaban fuerte oposición pública.

Incluso dentro de Nueva York, algunos funcionarios defendían posturas estrictas. El excomisionado de Sanidad Paul R. Screvane sostenía que los perros debían ser entrenados para hacer sus necesidades dentro de casa, evitando así la contaminación de calles y parques.

Hacia la ley de “pooper scooper”

En 1973, la Agencia de Protección Ambiental de la ciudad publicó la guía Dog Owner’s Guide to Scooping, un folleto ilustrado que promovía la limpieza de los desechos caninos como un acto de civismo. Aunque aún no existía una ley formal, el documento apelaba a la responsabilidad y las buenas costumbres.

La legislación definitiva llegó en agosto de 1978, cuando el estado de Nueva York aprobó la norma que obligaba a los dueños a recoger los desechos de sus perros en aceras, calles y espacios públicos. La medida generó controversia: algunos sectores argumentaban que sería difícil de aplicar o que provocaría abandono de mascotas, mientras que otros defendían su impacto positivo en la higiene urbana.

Un año después, el alcalde Ed Koch informó que se habían emitido 1,616 citaciones por incumplimiento, tras un periodo inicial de advertencias. Para 1985, las sanciones acumuladas superaban los 18,000 casos y los ingresos por multas alcanzaban los 435,000 dólares. El comisionado de Parques, Henry J. Stern, calificó la ley como “una de las mejores cosas que le han ocurrido a los parques de Nueva York”.

Nuevas perspectivas sobre bienestar animal y convivencia

Tras los atentados del 11 de septiembre, la ciudad incorporó a sus políticas de emergencia guías específicas para animales domésticos. En 2002 se publicó Disaster Preparedness for Animals in New York City, y en 2015 se actualizó como My Pet’s Emergency Plan, disponible en varios idiomas.

El aumento de animales de apoyo emocional también llevó a la Comisión de Derechos Humanos a emitir en 2020 un documento explicativo sobre su presencia en viviendas, aclarando que estos animales están exentos de políticas de “no perros” cuando forman parte de una acomodación razonable por discapacidad.

Sin embargo, algunos problemas persisten. En 2017, el Departamento de Salud dedicó un número de NYC Vital Signs a la prevención de mordeduras de perro, y en 2026 reportó que la tasa de incidentes había alcanzado su punto más alto en una década.

Un archivo vivo de convivencia urbana

La colección de la Municipal Library permite observar cómo las normas sobre perros han evolucionado junto con la ciudad. Desde ordenanzas estrictas del siglo XIX hasta campañas educativas contemporáneas, los documentos conservados muestran cómo Nueva York ha buscado equilibrar salud pública, bienestar animal y convivencia ciudadana. Este acervo ofrece una ventana única para comprender la relación histórica entre los neoyorquinos y sus compañeros caninos, y cómo esa relación continúa transformándose.

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