El icónico Birdland se niega a morir y es rescatado por fanáticos del jazz

Espectáculo

Aunque el jazz nació en Nueva Orleans, con el paso del tiempo es Nueva York la que ha pasado a ser considerada la meca de este apreciado género musical. Sin embargo, ha sido uno de los sectores más olvidados en un año de pandemia en el que los espacios íntimos y cerrados y la música en vivo quedaron vetados en la Gran Manzana.

“Este ha sido un templo de la música durante 71 años. Es la espina dorsal de Nueva York. Así que hice todo lo posible a título personal por mantenerlo con vida durante 10 meses”.

Explicó a EFE el dueño del icónico Birdland, Gianni Valenti, frente a un escenario desierto y rodeado de taburetes vacíos.

Su local de tonos rojizos, por donde antes de la pandemia pasaban unos 100 músicos por semana y donde han actuado gigantes del jazz como Charlie Parker, Dizzy Gillespie o Bud Powell, estuvo muy, muy cerca de desaparecer en enero, pero Valenti decidió lanzar un SOS que alarmó a Nueva York.

Gracias a una campaña de GoFundMe y un concierto solidario al que se sumaron Bill Clinton, Whoopi Goldberg y Billy Joel, consiguió reunir 500 mil dólares que cree le durarán hasta otoño, cuando espera que las cosas hayan vuelto a una relativa “normalidad”.

Eso sí, Valenti deja muy claro que el Birdland se ha salvado gracias a la solidaridad de los fans de la música y el jazz, y afirma que las autoridades del estado prácticamente les han abandonado a su suerte.

“La música es lo que somos, es nuestra vida. Y creo que (las autoridades) de la ciudad y el gobierno de nuestro país no han prestado atención a lo que le está pasando a los artistas”, apunta.

Y es que mientras los restaurantes han podido servir a clientes con entregas a domicilio o en espacios exteriores buena parte de la pandemia, los museos pudieron abrir sus puertas a finales de agosto, y los estadios vibraron de nuevo a finales de febrero, los pequeños e íntimos locales de jazz siguen prácticamente sin público.

Esta misma semana, vieron un rayito de luz al final del túnel cuando el estado de Nueva York anunció que, a partir del 2 de abril, se podrán celebrar eventos musicales en salas cerradas, pero a un 33 % de su capacidad, algo que para Valenti no es suficiente, ya que no es económicamente viable abrir para poder acomodar sólo a unos pocos.