La presión arterial describe la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias mientras circula por el cuerpo. Cuando esta presión se mantiene elevada de manera constante, se denomina hipertensión. Una lectura de presión arterial incluye dos valores: la presión sistólica, que corresponde a la fuerza cuando el corazón late, y la presión diastólica, que refleja la presión cuando el corazón descansa entre latidos. En una persona sana, estos valores suelen ser iguales o inferiores a 120/80 mmHg.
La presión arterial varía a lo largo del día. Puede aumentar durante el ejercicio, en momentos de estrés o tras consumir sustancias como cafeína, alcohol o tabaco. Factores como la edad también influyen, ya que con el tiempo las arterias se vuelven más rígidas y menos elásticas, lo que eleva los valores de presión.
Factores que pueden alterar una medición
Acciones cotidianas pueden elevar temporalmente la presión arterial. Fumar, beber café o alcohol, o realizar actividad física dentro de los 30 minutos previos a la medición puede aumentar los valores. También puede elevarse si la persona cruza las piernas o si el brazo no está apoyado a la altura del pecho durante la medición.
Según las guías del American College of Cardiology y la American Heart Association, una lectura igual o superior a 130/80 mmHg se considera hipertensión. Otras guías, como el Séptimo Informe del Joint National Committee, establecen el umbral en 140/90 mmHg.
Impacto de la hipertensión en la salud
La hipertensión puede afectar gravemente al corazón, el cerebro, los riñones y los ojos. A medida que aumentan los niveles de presión arterial, también lo hace el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, infartos y accidentes cerebrovasculares. La presión elevada reduce la elasticidad de las arterias, disminuye el flujo de sangre y oxígeno al corazón y puede provocar angina, insuficiencia cardíaca o infarto.
Cuando las arterias que llevan sangre al cerebro se bloquean o se rompen, puede producirse un accidente cerebrovascular, con consecuencias como dificultades en el habla, problemas de movilidad, discapacidad permanente o incluso la muerte. La hipertensión sostenida, especialmente en la mediana edad, se asocia con deterioro cognitivo y demencia en etapas posteriores de la vida. También puede causar pérdida de visión, enfermedades renales, disfunción eréctil en hombres y disminución del deseo sexual en mujeres.
Tipos de hipertensión
La hipertensión puede clasificarse en hipertensión primaria o esencial, y hipertensión secundaria. La hipertensión primaria no tiene una causa específica identificable. En estos casos, las arterias pequeñas se estrechan progresivamente, lo que obliga al corazón a bombear con mayor fuerza para mantener la circulación, elevando la presión arterial. Este tipo representa la mayoría de los casos y suele estar relacionado con el envejecimiento y hábitos de vida poco saludables.
La hipertensión secundaria, en cambio, se debe a condiciones médicas subyacentes como enfermedades renales, trastornos hormonales o el uso de ciertos medicamentos.
Factores de riesgo para desarrollar hipertensión
- Antecedentes familiares — La hipertensión esencial suele tener un componente genético. Las personas con familiares de primer grado hipertensos tienen mayor riesgo.
- Historial médico — Enfermedades como diabetes, trastornos renales, lupus, tumores suprarrenales o síndrome de Cushing pueden elevar la presión arterial.
- Medicamentos y sustancias — Antiinflamatorios no esteroideos, corticosteroides, anticonceptivos orales, antidepresivos y drogas como cocaína, metanfetamina o anfetaminas pueden causar hipertensión.
- Otros factores — Edad, género, etnicidad, dieta alta en sodio, sedentarismo, colesterol elevado, embarazo, falta de sueño, estrés crónico, personalidad tipo A y ciertas infecciones virales como SARS‑CoV‑2 pueden aumentar el riesgo.
