Katz reabre un comedor secreto oculto durante ocho décadas

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Después de casi 80 años cerrado al público, la legendaria Delicatessen de Katz ha reabierto oficialmente The Ludlow Room, un comedor restaurado de 68 asientos que permaneció fuera de la vista desde 1949. El espacio, que durante décadas funcionó como una enorme nevera para almacenar pastrami, carne en conserva y pecho durante el auge de la posguerra, vuelve ahora como un salón histórico recuperado para una nueva generación de neoyorquinos.

Un capítulo perdido de la historia de Katz

Según la información oficial, el comedor fue clausurado a finales de los años cuarenta para responder a la creciente demanda de carnes curadas, un momento en el que Katz se consolidaba como uno de los referentes gastronómicos del Lower East Side. El espacio, transformado entonces en una cámara frigorífica de gran escala, quedó prácticamente olvidado para el público durante décadas.

Jake Dell, propietario de quinta generación, destacó el valor simbólico de la reapertura. “Siempre hemos dicho que la de Katz es más que una delicatessen, es una pieza viva de la historia de Nueva York”, afirmó en un comunicado. Para Dell, recuperar este salón es “descubrir un capítulo olvidado” y, al mismo tiempo, rendir homenaje a quienes construyeron el legado del establecimiento.

Un espacio restaurado con respeto por su pasado

Aunque adaptado a las necesidades contemporáneas, The Ludlow Room conserva elementos arquitectónicos originales que evocan la época en la que fue construido. Entre ellos destacan los techos de estaño, la iluminación inspirada en mediados del siglo XX y detalles estructurales que se mantuvieron intactos durante su uso como almacén refrigerado.

El resultado es un ambiente que combina historia y modernidad, ofreciendo un escenario singular para eventos privados, celebraciones o experiencias gastronómicas especiales dentro de uno de los locales más emblemáticos de la ciudad.

Un nuevo atractivo dentro de un ícono neoyorquino

La reapertura de The Ludlow Room amplía la oferta de Katz y refuerza su papel como institución cultural del Lower East Side. Más allá de su fama por el pastrami, la delicatessen continúa encontrando formas de conectar su pasado con el presente, preservando su identidad mientras crea espacios que celebran la memoria colectiva de Nueva York.

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