La era de Luis Enrique ha redefinido al PSG. Pese a un arranque incierto y a la presión de defender un título históricamente difícil de repetir, el conjunto parisino se fortaleció, recuperó su espíritu competitivo y conquistó nuevamente Europa. En la final, un Arsenal imponente cayó en la tanda de penaltis, quedándose a un paso de su primera Champions.
PSG continuista y Arsenal lleno de incógnitas
Con Hakimi y Dembélé recuperados, la única duda de Luis Enrique estaba en el centro del campo. Optó por la experiencia de Fabián en lugar de Zaïre‑Emery y repitió, salvo por Sáfonov, el once que un año antes había arrollado al Inter. En el Arsenal, en cambio, las dudas eran mayores: Arteta no arriesgó con Timber, colocó a Mosquera por la lesión de White, eligió a Hincapié por delante de Calafiori y mantuvo la apuesta por Lewis‑Skelly. Havertz, único jugador con experiencia en una final de Champions, fue titular por delante de Gyökeres.
Un inicio eléctrico que golpeó al PSG
El partido no tardó en mostrar sus intenciones. El Arsenal se replegó en un bloque medio, buscando minimizar riesgos, mientras el PSG intentaba acelerar con intercambios constantes en la medular y los descensos de Dembélé para generar superioridades. Pero a los seis minutos, Havertz apareció como tantas veces en noches grandes: un despeje de Marquinhos, desviado por Trossard, habilitó al alemán, que fusiló a Sáfonov desde un ángulo imposible.
El golpe inicial dejó claro que esta final no sería una réplica de la de Múnich. Luis Enrique reaccionó rápido: movió a Fabián al sector izquierdo, adelantó a los laterales y metió por dentro a Doué y Kvaratskhelia para atacar la espalda de Rice y Lewis‑Skelly.
El PSG ajusta, pero el Arsenal controla
Fabián fue el primero en avisar con una llegada por izquierda, pero el Arsenal mantenía el control emocional del partido. El PSG necesitaba el ‘cooling break’ para reorganizarse. Tras la pausa, Sáfonov salió valiente a cortar un centro de Saka y chocó con Marquinhos, generando dudas sobre su continuidad.
El conjunto parisino comenzó a empujar, aunque sin claridad. Los centros se multiplicaban, pero Gabriel se hizo gigante en el área. No fue hasta el minuto 42 cuando Nuno Mendes logró desbordar a Mosquera, aunque Hincapié cerró con solvencia. Marquinhos, por su parte, evitó el doblete de Havertz con una acción providencial.
Segundo tiempo de ajustes y un penalti decisivo
Luis Enrique no hizo cambios al descanso, pero sí alteró posiciones entre Dembélé y Doué. El Arsenal apenas había sufrido y Raya intervino por primera vez en el 55’, atrapando una falta lejana de Hakimi. Arteta, consciente del retroceso de su equipo, adelantó líneas.
El PSG, sin embargo, comenzó a carburar. El balón circulaba con más velocidad y, pasada la hora de juego, Siebert señaló penalti por una falta de Mosquera sobre Kvaratskhelia. Dembélé asumió la responsabilidad y engañó a Raya para igualar la final.
Arteta reaccionó de inmediato: retiró a Mosquera para dar entrada a Timber y apostó por Gyökeres junto a Havertz. Pero el movimiento abrió espacios que el PSG aprovechó. Kvaratskhelia rozó el gol con un disparo al palo tras una carrera desde campo propio.
Final abierto y prórroga marcada por el desgaste
El georgiano pidió el cambio y entró Barcola, que tuvo una ocasión clarísima nada más ingresar. El Arsenal respondió renovando los extremos con Madueke y Martinelli, buscando morir en campo rival. Vitinha rozó el larguero con un disparo desde la frontal y Barcola desperdició otra contra clara.
El desgaste era evidente. Arteta agotó cambios para afrontar la prórroga —la primera en una final de Champions en diez años— dando entrada a Zubimendi y Eze. Zaïre‑Emery sustituyó a un exhausto Fabián.
La prórroga tuvo poco ritmo. Madueke reclamó penalti, Barcola desbordó a un Hincapié fundido y Raya respondió con seguridad en las pocas acciones que tuvo. El Arsenal buscó el balón parado para evitar los penaltis, pero el destino ya estaba escrito.
Tanda dramática que coronó al PSG
Hakimi ganó ambos sorteos y Gonçalo Ramos abrió la tanda marcando. Gyökeres respondió, pero Doué devolvió la presión a un Eze que envió su disparo fuera. Raya mantuvo vivo al Arsenal deteniendo el lanzamiento de Nuno Mendes y Rice empató. Achraf y Martinelli no fallaron. Beraldo engañó a Raya y Gabriel, con todo el peso del mundo sobre sus hombros, mandó el penalti decisivo por encima del larguero.
El sueño del Arsenal se desintegró y Luis Enrique llevó al PSG de nuevo al Olimpo de la Champions, consolidando un proyecto que ya no depende de estrellas, sino de una identidad colectiva capaz de instaurar una dinastía.
