Luirmp
En esta esquina donde la distancia se mide en intervalos de tres minutos — el tiempo que tardo en volver a abrir las redes— me sorprendo repitiendo el mismo ritual:
¿Habrá algo nuevo?
¿Sacaron a Moisés?
¿Apareció el señor José?
¿Qué pasó con la hermana de Cristian?
¿Sabremos algo más de Cami?
Y así se me va el día, entre notificaciones que no llegan y silencios que pesan.
Las imágenes y los textos, aunque ya parecen familiares, siguen golpeando. Pero miento: no todo se vuelve costumbre.
Hubo una imagen que me atravesó más que todas. Por primera vez observé al “maravilloso” ejército bolivariano:
qué limpieza,
qué blancura,
qué uniformes tan perfectamente planchados,
qué (sin) vergüenza.
Y entonces la frustrachera vuelve a apoderarse de mí, y la distancia —esa que debería protegerme— se encoge hasta casi desaparecer. Foto Daniel Echeverría
