Francia firmó una de sus actuaciones más contrastadas del torneo: un primer tiempo sin claridad ni ritmo, seguido de una segunda parte en la que el equipo se transformó por completo. El encuentro, marcado por la contundencia de Kylian Mbappé y la brillante dirección de Michael, terminó inclinándose del lado francés tras un ajuste táctico que cambió el rumbo del partido.
El movimiento que lo cambió todo
El punto de inflexión llegó con una decisión simple pero decisiva: intercambiar las posiciones de Olise y Dembélé para que el primero pudiera manejar los hilos del ataque desde una zona más centrada. Bastó un pase —el pase— para que Olise filtrara un balón perfecto entre la defensa senegalesa y encontrara a Mbappé en el lugar donde es más letal. Ese gol fue la culminación de una serie de llegadas claras, varias de ellas frustradas por las intervenciones de Mendy o por decisiones arbitrales que descartaron un posible penalti sobre Kylian.
Francia acelera y sentencia
El impulso ofensivo no se detuvo ahí. Rabiot asistió a Barcola para ampliar la ventaja en una acción que confirmó la superioridad francesa tras el descanso. La diferencia entre ambos tiempos fue tan marcada que Deschamps, satisfecho con el nuevo orden del equipo, apenas realizó dos cambios: el que dio origen al segundo gol y la entrada de Cherki para cerrar el acta.
Un primer tiempo sin brillo
Hasta el descanso, lo mejor para Francia fue el marcador. Senegal había tenido la última ocasión clara del primer acto, con una llegada de Sarr que no logró culminar pese a la asistencia de Mané. En el balance general, los cuatro atacantes franceses ofrecieron poco: Olise se cerraba demasiado, Dembélé retrocedía buscando contacto con el balón, Doué pasaba inadvertido y Mbappé se mostraba impreciso. Mucho talento, pero poca producción.
La falta de fluidez se explicaba también por la incapacidad del resto del equipo para conectar con ellos. Senegal, bien plantado desde el inicio, bloqueó líneas de pase y obligó a Francia a un juego lento y previsible. La primera pausa de hidratación llegó sin ocasiones claras, salvo un disparo de Jackson que golpeó el poste tras un error de Mbappé y un rebote en Maignan.
Un reinicio que no cambió nada… hasta que Deschamps intervino
Tras la pausa, Francia mantuvo la posesión pero sin profundidad. Ni Tchouaméni ni Rabiot lograban romper líneas, y los laterales no ofrecían desborde. La única transición rápida nació de una falta no señalada de Saliba sobre Sarr, pero tampoco generó peligro real. El árbitro iraní, que ya había mostrado decisiones discutidas, mantuvo un criterio permisivo que favoreció la continuidad del juego.
Con el primer tiempo cerrado sin goles, el partido parecía encaminado a un duelo trabado. Pero el ajuste táctico de Deschamps cambió por completo el escenario.
Un cierre contundente y un aviso al torneo
Los arreones franceses se tradujeron en goles: primero el de Mbappé, luego el de Barcola, y finalmente otro tanto en el tiempo añadido que respondió al excelente gol de Mbaye para Senegal. En cuestión de minutos, el marcador pasó de un 2-0 a un 3-1 que reflejó la superioridad francesa en el tramo final.
Más de 80.000 espectadores fueron testigos de una Francia que, pese a sus altibajos, mostró que su “Big Four” puede aparecer cuando más se le necesita.
