El Real Madrid cumplió con lo imprescindible en una temporada marcada por la irregularidad. Su victoria ante el Espanyol no solo le permitió sumar tres puntos, sino también retrasar el posible pasillo al Barcelona, que podría proclamarse campeón en el próximo Clásico. El equipo blanco, lejos de su mejor versión, encontró en Vinicius la chispa que necesitaba para resolver un partido que se había atascado durante más de una hora.
El brasileño, protagonista por su intensidad y por su capacidad para decidir, vivió un primer tiempo lleno de roces con Omar, que hicieron temer por su presencia en el Camp Nou. Sin embargo, en la segunda mitad fue determinante, asociándose con Bellingham y Gonzalo para desarmar a un Espanyol que atraviesa una racha alarmante: 17 partidos sin ganar y un riesgo de descenso cada vez más evidente.
Un Espanyol combativo que resistió hasta donde pudo
Durante la primera hora, el Espanyol mostró entereza defensiva, aunque sin generar verdadero peligro. Arbeloa apostó por Pitarch en la medular y por Mendy en el lateral izquierdo, mientras que el conjunto perico intentó contener a Vinicius doblando esfuerzos por su banda. Omar asumió el duelo directo con el brasileño, mientras Rubén Sánchez aprovechaba los espacios para proyectarse en ataque.
Las primeras ocasiones llegaron por ese costado: un pase atrás de Rubén que Roberto envió por encima y un disparo lejano del propio Rubén que pasó cerca del palo. La respuesta del Madrid fue inmediata: Bellingham desequilibró, abrió a Trent y su centro terminó en una volea de Vinicius que, desviada por Omar, se estrelló en el poste. Fue la acción más clara del primer acto.
La lesión temprana de Mendy obligó a Arbeloa a introducir a Fran García, mientras el Espanyol se aferraba al partido con intensidad. Omar vio una roja directa en el minuto 25 por una acción que el VAR corrigió, descolocando a un Gil Manzano errático en sus decisiones posteriores. El primer tiempo se diluyó entre interrupciones, faltas y pocas llegadas claras.
El Madrid cambia el guion tras el descanso
El inicio del segundo tiempo mostró a un Madrid más unido, haciendo piña antes de reanudar el juego. El Espanyol insistió con centros laterales, pero Huijsen y Rüdiger respondieron con solvencia. Arbeloa movió el banquillo y dio entrada a Mastantuono y Gonzalo, cambios que resultaron decisivos.
Gonzalo, con oficio de ariete, descargó balones y apoyó las internadas de Vinicius. En una de esas combinaciones, el brasileño dejó atrás a Calero y Cabrera con un quiebro y definió junto al palo para abrir el marcador. El gol cayó como un jarro de agua fría sobre el Espanyol, que intentó reaccionar con los ingresos de Pickel y Roca.
Un disparo lejano de Terrats y alguna carrera de Dolan fueron los últimos intentos antes de la sentencia. Vinicius arrancó en vertical, se apoyó en Bellingham y el taconazo del inglés dejó al brasileño en posición de rematar el segundo.
Un final para un Madrid que piensa en el Clásico
El Espanyol, desesperado por recortar distancias, adelantó líneas y tuvo una ocasión clara en los pies de Romero, que remató débil a las manos de Lunin. Arbeloa decidió sustituir a Vinicius para evitar riesgos, consciente de que una segunda amarilla lo dejaría fuera del Clásico. El abrazo entre ambos reflejó la importancia del brasileño en un partido que necesitaba liderazgo y determinación.
El Madrid, que arrastra una serie de errores en los minutos finales, supo esta vez cerrar el encuentro sin sobresaltos. El triunfo no borra las dudas de la temporada, pero sí evita un escenario incómodo: ver al Barcelona proclamarse campeón sin oposición.
