Controversia por nuevas barras inclinadas en paradas de autobús

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La iniciativa del Departamento de Transporte de la Ciudad de Nueva York (DOT) para instalar bancas o barras inclinadas en más de 8,750 paradas de autobús ha generado una ola de críticas por parte de defensores de la accesibilidad y usuarios frecuentes del transporte público. Aunque el plan, anunciado el 30 de octubre, busca mejorar la comodidad en las paradas que actualmente carecen de asientos, la posibilidad de que se instalen más barras que bancas ha despertado preocupación.

El proyecto forma parte de una inversión de $40 millones que se ejecutará durante los próximos diez años, con 875 instalaciones anuales en los cinco distritos de la ciudad.

“Las personas necesitan sentarse”: voces desde la comunidad

Joseph Rappaport, director ejecutivo del Brooklyn Center for Independence of the Disabled, fue enfático:

“Muchas personas mayores y con discapacidades dependen del autobús. Hay largas esperas y el servicio no siempre es confiable. Algunas personas simplemente necesitan un lugar para sentarse.”

Rappaport calificó las barras inclinadas como inútiles para la mayoría de los usuarios y pidió que se prioricen las bancas en todas las paradas posibles.

Cathy Unsino, residente del Upper West Side y defensora de los adultos mayores, también expresó su rechazo “Una banca o silla convencional es mejor. Algunas personas necesitan apoyo para la espalda. Las barras inclinadas no reflejan lo mejor de nuestra ciudad.”

¿Dónde se instalarán las nuevas estructuras?

El DOT aclaró que las bancas serán la primera opción en cada parada, y que las barras inclinadas solo se colocarán en aceras demasiado estrechas para acomodar una banca.

Will Livingston, portavoz del DOT, explicó que las barras pueden ser útiles para personas que tienen dificultad para levantarse de una banca, y también sirven para apoyar bolsas u objetos pesados. Sin embargo, la instalación dependerá del espacio disponible en cada ubicación.

Actualmente, más de 15,000 paradas de autobús existen en la ciudad, pero solo la mitad califican para recibir mobiliario urbano bajo este programa.

Reacciones mixtas entre usuarios

En Roosevelt Avenue y la calle 61, un usuario que esperaba el autobús Q32 comentó: “Me parece incómodo. Prefiero sentarme.”

La controversia refleja una tensión entre la intención de mejorar la infraestructura urbana y las necesidades reales de los usuarios más vulnerables. Mientras el DOT defiende la flexibilidad del diseño, los defensores de la accesibilidad insisten en que sentarse no debe ser un lujo, sino una garantía básica en el transporte público.

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