En un Estadio del Alto convertido en un hervidero de pasión, Bolivia protagonizó una noche histórica al imponerse con carácter y fútbol a una selección brasileña desdibujada.
Con el impulso de su afición y una actuación llena de intensidad, “La Verde” dio un paso firme hacia el Mundial 2026, rompiendo con décadas de ausencia desde su última participación en Estados Unidos 1994.
Desde el arranque, Brasil intentó marcar territorio con un córner tempranero, pero Bolivia respondió sin titubeos. En el minuto 8, Medina Román lanzó un centro peligroso que Villamil rozó sin concretar, anticipando el tono del encuentro: Bolivia presionando y la Canarinha sin respuestas.
Brasil sin respuestas
La presión fue constante y Miguel Terceros obligó a Alisson a intervenir con una atajada clave que evitó el primer gol.
El equipo boliviano se mostró sólido con el balón, generando oportunidades y manteniendo el ritmo, mientras Brasil, lento y desconectado, no lograba adaptarse al entorno. A pesar de la lesión de Medina en el minuto 40, Bolivia encontró recompensa justo antes del descanso con un penalti convertido por Terceros, que encendió la celebración en las gradas.
La segunda parte mantuvo la misma dinámica: Bolivia firme y Brasil sin reacción. Aunque en el minuto 59 pareció despertar la Canarinha, el intento fue fugaz. Ancelotti realizó cuatro cambios en el 60, buscando revitalizar el equipo, pero Bolivia se mantuvo firme. Las lesiones de Vaca y Enzo Monteira complicaron el panorama, pero el equipo no bajó los brazos.
Con el aliento de su gente y la esperanza renovada, Bolivia defendió su ventaja hasta el final, soñando con volver a una Copa del Mundo en el mismo país donde vivió su última gran cita.
Mientras tanto, Brasil dejó una imagen preocupante: sin ideas, sin ataque y con un único salvador, Alisson, que evitó una goleada mayor. El “jogo bonito” brilló por su ausencia y Bolivia volvió a creer.
