Nueva York podría experimentar un salto térmico sorprendente en apenas dos semanas. Después de un invierno marcado por tormentas interminables, acumulaciones históricas de nieve y días más fríos que el propio Polo Norte, los pronósticos apuntan a un escenario que parecía improbable: temperaturas que podrían sentirse como 80ºF hacia la segunda semana de marzo.
La ciudad, fiel a su reputación meteorológica, vuelve a demostrar que la consistencia no es precisamente su fuerte.
Un pronóstico que rompe con el invierno reciente
Aunque las calles aún conservan montículos grises de nieve, las primeras señales de un cambio drástico empiezan a consolidarse. Según las proyecciones diarias de AccuWeather, el martes 10 de marzo podría alcanzar los 74°F, mientras que el miércoles 11 se mantendría alrededor de los 70°F.
Las sensaciones térmicas serían incluso más altas: RealFeel marca aproximadamente 80°F para el martes y 75°F para el miércoles. Serán, en la práctica, 48 horas de anticipo del clásico mensaje que pronto inundará los chats de grupo: “¿Drinks afuera?”.
El jueves 12 también se perfila agradable, con temperaturas cercanas a 63°F y una sensación de 66°F. No es exactamente clima de shorts… aunque, siendo Nueva York, probablemente alguien ya los esté usando.
Aún quedan días fríos, pero el panorama mejora
El clima neoyorquino puede cambiar de rumbo en cualquier momento, y todavía quedan jornadas en los 30s y 40s, con la posibilidad de algo más de nieve. Sin embargo, después del invierno vivido, este pronóstico se siente como una luz al final de un túnel largo, helado y poco deseado.
Las proyecciones iniciales indican además una transición más suave hacia la primavera, sin días que vuelvan a caer a los 30°F durante el resto de marzo.
El horario de verano adelanta la llegada de las tardes largas
El domingo 8 de marzo, con el inicio del horario de verano, el atardecer pasará de las 5:54 p. m. a las 6:55 p. m., abriendo oficialmente la temporada del “after work” al aire libre. En cuanto el clima acompañe, los neoyorquinos volverán a llenar parques, terrazas y esquinas soleadas.
Este invierno dejó claro que la ciudad puede soportarlo todo, pero también que lo hace mejor con un spritz en la mano y un rayo de sol sobre la acera.
