Reconocer y detectar los signos que suelen preceder al síndrome de muerte súbita arrítmica (SADS) puede ayudar a prevenir muertes prematuras, según una investigación presentada en ESC Preventive Cardiology, un congreso científico de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC).
Se trata de un estudio observacional retrospectivo de la cohorte de Muerte Súbita Cardíaca en Jóvenes (SUDDY), que incluyó los 903 casos de muerte súbita cardíaca ocurridos en jóvenes de 1 a 36 años en Suecia entre 2000 y 2010.
Se asignaron cinco controles poblacionales por caso. Se analizó la información de certificados de defunción, informes de autopsia, historiales médicos, electrocardiogramas (ECG), muestras biológicas y datos parentales.
Los investigadores descubrieron que el SADS representó el 22 % de todas las muertes súbitas cardíacas. Casi dos tercios de los casos de SADS (64 %) fueron varones y la mediana de edad de fallecimiento fue de 23 años.
Se reportó hospitalización previa o visita ambulatoria dentro de los 180 días previos al fallecimiento en el 33% de los casos de SADS, frente al 24% del grupo control (p=0,038).
Entre los casos de SADS, el 4,2% había sido hospitalizado previamente con diagnóstico de síncope, frente al 0,41% del grupo control (p<0,001), mientras que la hospitalización por convulsión se produjo en el 3,5% de los casos de SADS, frente al 0,14% del grupo control (p<0,001).
En total, el 11% tenía arritmia conocida y el 18% presentó un ECG patológico, siendo la preexcitación (activación prematura de los ventrículos) el hallazgo más común.
Alrededor de la mitad (52%) de los casos experimentaron síntomas antes del fallecimiento, en particular palpitaciones, síncope, náuseas/vómitos y signos relacionados con una infección.
En total, el 17% de los casos tenía un diagnóstico psiquiátrico previo y el 11% había recibido psicofármacos.
El Dr. Frisk Torell afirmó que con un mayor conocimiento de los signos y síntomas que pueden preceder al SADS, como el síncope, los episodios similares a convulsiones y la preexcitación, podríamos identificar a los jóvenes en riesgo durante las consultas médicas.
Nuestros resultados también resaltan la necesidad de un mayor estudio de las enfermedades psiquiátricas y su tratamiento como factores de riesgo para el SADS, así como la posibilidad de que los síntomas gastrointestinales y las enfermedades infecciosas actúen como desencadenantes en individuos predispuestos.
