El organismo dispone de un complejo mecanismo de defensa. Conocer algunos de los remedios que ayuda a fortalecer sus componentes, te ayudará a una vida más plena. f
La fitoterapia se ha demostrado muy eficaz para proteger el sistema inmunitario y aumentar, al mismo tiempo, las defensas naturales.
Ante las bajas temperaturas que estamos sufriendo estos días, tenemos que protegernos de los posibles resfriados y gripes. Para ello, la alimentación es clave. Estas recetas pueden ayudarte a reforzar tu sistema inmunitario
Equinácea. La equinácea es un gran aliado ante las infecciones por su efecto preventivo: activa la formación de leucocitos e impide el desarrollo de los virus o bacterias.
Previene las infecciones respiratorias y evita las recaídas. Se indica sobre todo para proteger organismos vulnerables, aunque está insuficientemente demostrada su efectividad en los niños.
Se aconseja también en afecciones cutáneas por su acción depurativa y purificadora de la sangre.
Ginseng. El ginseng es un poderoso tónico estimulante del sistema nervioso y de las defensas. Por naturaleza, es una planta adaptada a desarrollarse en hábitats difíciles y se diría que transmite esta característica a quienes la toman.
También el eleuterococo entra en esta categoría de plantas adaptógenas, ya que ayuda al cuerpo a regularse a sí mismo, siendo muy útil cuando el estrés debilita la resistencia del organismo.
El ajo aumenta las defensas del organismo y está indicado en caso de infección, ya sea respiratoria o digestiva, aunque su virtud más destacable es como regulador del flujo sanguíneo.
Los artífices de estas virtudes son los compuestos azufrados que contiene: alicina, ajoene y trisulfuro de alilo. Para beneficiarse de sus efectos se aconseja consumir 1 o 2 dientes de ajo crudos al día. En exceso puede irritar el tubo digestivo.
El regaliz es eficaz en la producción de anticuerpos y en la regulación de leucocitos y es un buen tónico general en periodos de convalecencia, pero no conviene a hipertensos.
Ejerce además una acción expectorante, antibacteriana, colagoga y demulcente, por lo que constituye un buen aliado para proteger las mucosas del aparato respiratorio y digestivo.
Se puede tomar en decocción, tintura, extracto fluido, polvos o jugo de la planta.
Propóleo. Es una sustancia resinosa que las abejas obtienen de las yemas de los árboles y de algunas plantas, y que luego terminan de procesar ellas mismas a fin de recubrir las paredes de la colmena y proteger de posibles enfermedades a las abejas más jóvenes.
La acción protectora del propóleo se debe a su riqueza en flavonoides, sustancias que estimulan la producción de anticuerpos y potencian la acción de las vitaminas.
Evita el estrés
Cada persona percibe el estrés de forma distinta, pero se ha demostrado que la inmunidad se debilita si el estrés se prolonga en exceso.
Durante mucho tiempo se creyó que el sistema inmunitario escapaba al control que el sistema nervioso central ejerce sobre el organismo. Sin embargo, se ha demostrado que existe una comunicación bidireccional entre estos dos sistemas, que puede ser clave para el buen funcionamiento de ambos.
Se trata de evidencias directas, de tipo anatómico y fisiológico, pero también indirectas, que demuestran que el sistema inmune se ve influenciado por factores como el humor, la esperanza o las creencias.
El estrés negativo es un buen ejemplo de esa doble influencia, ya que la respuesta del organismo depende de la percepción de cada persona.
Por eso, una situación que genera estrés, ya sea de origen físico o emocional, modifica funciones fisiológicas que debilitan la respuesta inmune debido a la interacción de los sistemas nervioso central, endocrino e inmunitario que se produce en toda respuesta de estrés.
Ante un estímulo externo, el sistema nervioso procesa esa información en función del estado de cada persona y de sus experiencias pasadas, que le ayudan a interpretar. El resultado fisiológico de este proceso es un deseo de huir de la situación que lo provoca o confrontarla.
El cerebro interpreta esa información y envía señales químicas que activan la secreción de hormonas en las glándulas adrenales y que tienen un efecto supresor sobre la respuesta inmune.
En concreto, por la vía neuroendrocrina se secretan glucocorticoides y a nivel de la zona medular de la glándula adrenal se liberan catecolaminas, noradrenalina y adrenalina.
Cuando el estrés se prolonga mucho tiempo el organismo acaba debilitándose debido al estado de alerta permanente al que se ve sometido, pudiendo incluso llegar a enfermar.
Todo este potencial defensivo se ve a veces bloqueado por un funcionamiento incorrecto, que da lugar a reacciones autoinmunes.
Así ocurre cuando el sistema inmunitario confunde microorganismos inofensivos con gérmenes (en el caso de las alergias) o ataca los tejidos del propio cuerpo -en el caso de las enfermedades autoinmunes-, ya que no los reconoce como propios.
En las alergias, el sistema inmune reacciona de forma desproporcionada, mediante la producción de anticuerpos, contra sustancias externas en principio inocuas, como el pelo de algunos animales , el polvo o el polen.
Las enfermedades autoinmunes se originan por otro error de las células inmunitarias, que fabrican anticuerpos contra tejidos sanos. Algunas de las más frecuentes son:
- esclerosis múltiple, caracterizada por lesiones en las células del sistema nervioso central;
- artritis reumatoide, enfermedad inflamatoria que afecta al tejido conjuntivo en las articulaciones;
- y la diabetes tipo I, en la que los anticuerpos destruyen las células encargadas de fabricar insulina en el páncreas.
Entre las causas de este tipo de reacciones se apunta que los hábitos higiénicos han disminuido el contacto con gérmenes y la incidencia de infecciones en la infancia, lo que dificultaría la tarea de registro e inventario de gérmenes por parte del organismo.
Apoya esta teoría el hecho de que este tipo de trastornos son cada vez más frecuentes en los países desarrollados.
