En tiempos en los que proliferan los asadores contemporáneos que presumen de innovación, teatralidad y técnicas de vanguardia, resulta inevitable escuchar la frase: “Este no es el asador de tu padre”. Pero la pregunta es pertinente: ¿realmente había algo malo en aquel asador tradicional que marcó generaciones?
La apertura de Golden Steer en Nueva York parece responder con un rotundo no. Su llegada reivindica el encanto de los templos carnívoros de antaño, donde la madera oscura, las cabinas curvas y los cortes impecables eran suficientes para crear una experiencia memorable.
Golden Steer, nacido en Las Vegas en 1958, desembarca en Manhattan con la misión de recuperar ese espíritu. Y lo hace con una puesta en escena que abraza la nostalgia sin pedir disculpas, recordando que el glamour clásico nunca pasa de moda.
Un hito para un ícono de Las Vegas
La apertura en Nueva York marca un momento histórico para Golden Steer, considerado el asador más longevo de Las Vegas. Su legado está cargado de anécdotas y personajes: Marilyn Monroe, Muhammad Ali y el Rat Pack frecuentaron sus mesas, hoy señaladas con placas doradas que celebran su paso. Su estética oscura y misteriosa incluso sirvió de escenario para la película “Casino” de 1995, reforzando su aura de leyenda.
Su nueva sede en el edificio One Fifth —antiguo hogar de la Trattoria One Fifth de Marc Forgione— trae a la ciudad un toque de ese glamour vespertino que definió a Las Vegas durante décadas.
Una puesta en escena que celebra la vieja escuela
Golden Steer no pretende modernizar su esencia. La abraza. La entrada de caoba conduce a un bar sofisticado, con techos espejados y flecos que caen como cascadas sobre las paredes. Una máquina tragamonedas de Doc Holliday, a tamaño real, marca el paso hacia un comedor amplio bautizado “The Strip”, decorado con pinturas inspiradas en el Oeste y lámparas de vitrales que iluminan cabinas de cuero negro.
El recorrido culmina en un salón principal rojo, sensual y dramático, con cortinas de terciopelo y lámparas estriadas que evocan un club privado de mediados del siglo XX. La banda sonora de Frank Sinatra completa una atmósfera que parece suspendida en el tiempo.
Una propuesta culinaria que mira al pasado con orgullo
La cocina sigue la misma línea estética: clásica, teatral y sin complejos. Uno de los rituales más celebrados es la preparación en mesa de la “Famosa Ensalada César”, ejecutada por un camarero con chaqueta blanca que mezcla el aderezo ante los comensales. El resultado es una César intensa, con ajo y pimienta marcados y una lluvia generosa de queso, fiel al espíritu del restaurante.
Entre los entrantes, destacan las gambas de Jonghe, firmes y cubiertas con una costra de parmesano, servidas en una salsa de mantequilla, hierbas y jerez que invita a mojar pan sin remordimientos.
Los cortes, protagonistas indiscutibles
Los filetes son el corazón del menú: desde el chuletón hasta el New York Strip, todos presentados con la solemnidad que exige un asador clásico. La opción de mar y tierra permite añadir una langosta acompañada de mantequilla, aunque algunos detalles —como una corteza que se deshace con facilidad o un ligero sabor a ceniza— pueden restar brillo a la experiencia.
La guarnición más llamativa es la Papa Asada Más Grande de Las Vegas, un coloso del tamaño de un pequeño chihuahua, rebosante de crema agria, tocino y queso. Su tamaño, sin embargo, juega en contra: llega tibia y cocida de manera desigual.
El cierre recupera el espectáculo con un carrito que recorre el salón ofreciendo bananas foster o cherry jubilee, un guiño final a la época dorada de los postres flambé.
Un refugio para los amantes del glamour nostálgico
Golden Steer no pretende competir con los asadores modernos que apuestan por técnicas experimentales o fusiones inesperadas. Su propuesta es otra: ofrecer un viaje sensorial a un tiempo en el que la elegancia era teatral, la carne era protagonista absoluta y la experiencia se construía con rituales, atmósferas y gestos.
Para quienes disfrutan de lo ostentoso, lo clásico y lo cargado de nostalgia, esta nueva sede neoyorquina es una joya que merece ser celebrada. Golden Steer llega para recordarnos que, a veces, el pasado sigue siendo el lugar más glamuroso donde cenar.
