La redada federal realizada el martes en Canal Street, en pleno corazón de Chinatown, dejó una estela de temor, protestas y calles vacías. La operación, encabezada por agentes de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), se centró en vendedores ambulantes, muchos de ellos inmigrantes africanos y asiáticos, y marcó un precedente en la ciudad por su escala y despliegue táctico.
Un operativo sin precedentes en Chinatown
El miércoles, el bullicio habitual en la intersección de Canal y Broadway había desaparecido. La mayoría de los vendedores africanos se ausentaron, mientras que los comerciantes chinos que suelen mostrar catálogos de imitaciones de lujo se mantuvieron discretos. El ambiente entre los pocos vendedores que permanecían era de duelo por los colegas detenidos.
La redada se produjo apenas días después de otro operativo más pequeño frente al albergue para migrantes Row Hotel en Midtown. En entrevista televisiva, el director interino de ICE, Todd Lyons, aseguró que vendrán más operativos similares.
Detenciones y perfil migratorio
Según el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), nueve personas fueron arrestadas, la mayoría originarias de Senegal, Mali y Mauritania. Cinco de ellos permanecen detenidos en centros de ICE en Nueva Jersey. Aunque el operativo se justificó como una acción contra la venta de productos falsificados, no se presentaron nuevos cargos penales relacionados con falsificación.
Algunos detenidos tenían antecedentes por delitos como violencia doméstica o posesión de sustancias controladas, mientras que otros solo enfrentaban violaciones civiles de inmigración, como el vencimiento de visas o cruces fronterizos sin autorización.
Vendedores legales también afectados
No todos los detenidos vendían mercancía falsificada. Algunos ofrecían artículos como fundas para teléfonos o ropa sencilla. Vendedores con permisos legales también fueron abordados por agentes, como el caso de un inmigrante senegalés con residencia permanente que fue esposado y retenido brevemente antes de ser liberado tras mostrar su documentación.
La redada generó temor entre comerciantes que llevan años trabajando en la zona, muchos de ellos refugiados o solicitantes de asilo. Algunos comenzaron a portar sus pasaportes por precaución, mientras otros decidieron ausentarse temporalmente.
Protestas espontáneas y respuesta oficial
La operación provocó manifestaciones espontáneas de neoyorquinos que se encontraban en la zona o acudieron tras ver publicaciones en redes sociales. Cuatro manifestantes fueron detenidos y liberados sin cargos al día siguiente, aunque el DHS los calificó como “alborotadores violentos”.
El NYPD aclaró que no participó en el operativo federal, aunque sí realizó dos arrestos relacionados con las protestas. Organizaciones como Street Vendor Project acusaron al alcalde Eric Adams de facilitar el ambiente para este tipo de redadas, recordando que recientemente vetó una ley para despenalizar la venta ambulante.
Canal Street: epicentro de comercio informal
Canal Street ha sido históricamente un punto de venta de productos económicos y falsificados, atrayendo a turistas y compradores locales. Desde 2022, con el aumento de solicitantes de asilo, la venta ambulante ha crecido como una de las pocas opciones laborales disponibles para personas sin autorización formal de trabajo.
Actualmente, la ciudad solo emite 853 licencias para vendedores de mercancías, mientras que más de 12,000 personas permanecen en lista de espera, algunas por años.
Opiniones divididas entre vecinos
Mientras algunos residentes defienden a los vendedores como personas trabajadoras que buscan salir adelante, otros consideran que la redada trajo un respiro a la zona. La ausencia de puestos el miércoles fue vista por algunos como una mejora en la “calidad de vida”, aunque reconocen el costo humano de los operativos.
